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Perú: 8 días de aventura, cultura y momentos que quedarán para siempre

  • 29 may
  • 4 min de lectura

Estuvimos una semana recorriendo estas tierras llenas de naturaleza, historia y gente tan amable que nos hacía sentir como en casa.


Basilica y Convento de Santo Domingo
Basilica y Convento de Santo Domingo

Estuvimos una semana recorriendo estas tierras llenas de naturaleza, historia y gente tan amable que nos hizo sentir como en casa desde el primer momento.


Todo comenzó en el Aeropuerto de la Ciudad de México, con la emoción de abordar nuestro vuelo hacia Lima, la capital de Perú. Una ciudad fascinante ubicada a nivel del mar, conocida por su mezcla entre lo moderno y lo colonial, y por ser una de las capitales gastronómicas más importantes del mundo.


Algo interesante de Lima es que, a pesar de ser una ciudad desértica, su ubicación frente al océano Pacífico le da un clima muy particular: casi nunca llueve, pero el cielo suele estar nublado la mayor parte del año, creando una atmósfera única.


Desde la ventana del autobús, mientras recorríamos su carretera principal, podíamos ver la costa del océano Pacífico: un mar fuerte, profundo e imponente que forma parte esencial de la identidad peruana.



Rumbo a Cusco


La aventura continuó al día siguiente cuando tomamos nuestro segundo vuelo de Lima a Cusco, conocida como el “ombligo del mundo”, ya que fue el centro del Imperio Inca.

Cusco es una ciudad pequeña, mágica y cultural, ubicada a 3,400 metros sobre el nivel del mar. Esta altitud es tan significativa que muchas personas sienten el cambio de inmediato, por lo que la adaptación es fundamental.

Al llegar, el cuerpo comienza un proceso llamado soroche (mal de altura), y por eso en el hotel nos recibieron con una tradición muy importante: hoja de coca para masticar, té de coca y té de muña. Estas plantas han sido utilizadas desde tiempos preincaicos por sus propiedades para ayudar a la oxigenación y la digestión en altura.


Primer día en Cusco: adaptación y cultura viva


Ese día fue tranquilo, perfecto para caminar despacio por sus calles empedradas construidas sobre bases incas originales que aún se conservan después de siglos y terremotos.


Un dato curioso de Cusco es que muchas construcciones coloniales españolas fueron levantadas sobre muros incas, lo que hace que la ciudad sea una mezcla arquitectónica única en el mundo.


En las calles veíamos llamas y alpacas, animales sagrados para la cultura andina. No solo eran usados como transporte o lana, también tienen un valor espiritual dentro de la cosmovisión inca. Incluso hoy en día, forman parte de la vida cotidiana y del turismo local.



Gastronomía y recomendaciones por la altura


Y la comida… ¡ni se diga! Perú es considerado uno de los mejores destinos gastronómicos del mundo, con platos reconocidos internacionalmente como el ceviche, la causa limeña o el lomo saltado.


Esa primera noche visitamos un restaurante local, pero siguiendo las recomendaciones por la altura, optamos por una comida ligera: una sopa caliente y una ensalada fresca. Esto es clave, ya que el cuerpo necesita oxígeno extra para digerir, y las comidas pesadas pueden provocar malestar en los primeros días.


Valle Sagrado de los Incas


Los días siguientes fueron aún más intensos y emocionantes.


Conocimos el Valle Sagrado de los Incas, una región atravesada por el río Urubamba y rodeada por la Cordillera de los Andes. Este valle fue clave para el Imperio Inca debido a su clima más cálido y fértil, ideal para la agricultura.


Visitamos Moray, un sitio arqueológico que aún sorprende al mundo: terrazas circulares que los incas utilizaban como laboratorio agrícola. Cada nivel tenía un microclima diferente, lo que les permitía experimentar con cultivos en distintas condiciones.

También conocimos Pisac, famoso por su zona arqueológica en lo alto de la montaña y su mercado artesanal, donde aún se conservan tradiciones textiles ancestrales que usan tintes naturales extraídos de plantas y minerales.


Un dato impresionante es que los incas no utilizaban cemento ni herramientas de hierro, pero sus piedras están tan perfectamente encajadas que ni una hoja de papel puede pasar entre ellas. Esa técnica se llama “mampostería inca”.




El tren a Machu Picchu: un viaje de película







Y no podemos dejar de mencionar una de las experiencias más mágicas del viaje: el tren hacia Machu Picchu. El recorrido es considerado uno de los más bellos del mundo. Mientras avanzas, el paisaje cambia completamente: montañas secas van dando paso a selva alta, con vegetación abundante, ríos y cascadas.














Incluso el clima cambia radicalmente, pasando de la altura fría de Cusco a un entorno más húmedo y tropical en Aguas Calientes, la puerta de entrada a Machu Picchu.










Machu Picchu: una maravilla que no se puede describir


¡Machu Picchu nos esperaba!


Esta maravilla del mundo está a aproximadamente 2,430 metros sobre el nivel del mar y fue construida en el siglo XV bajo el mandato del emperador Pachacútec. Su función exacta aún genera debate entre historiadores: se cree que pudo ser un centro religioso, político o incluso un retiro para la élite inca.


Después del trayecto en tren, aún nos esperaba subir muchos escalones… pero cada paso valió completamente la pena.


Y el clima nos regaló un momento perfecto: cielo despejado. Algo no siempre común, ya que Machu Picchu suele estar rodeado de neblina que le da un aire aún más místico.

Al llegar, la vista es simplemente indescriptible: una ciudad perfectamente integrada con la montaña, rodeada por picos gigantes y un silencio que impone respeto.


Te quedas en pausa… intentando entender cómo una civilización logró construir algo así en medio de las montañas, sin tecnología moderna.



Un viaje que deja huella


Gracias, Perú, por regalarnos una experiencia inolvidable, llena de historia, cultura, naturaleza y momentos que se quedan para siempre en la memoria.


 
 
 

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